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Sí, mi capitán



Rajoy ha hablado para los suyos. El Partido Popular es un partido unido, ha dicho. Tanto que sobra decirlo. Y punto en boca. Conociendo su exasperante control de los tiempos, le habrá llevado tres meses de discernimiento elaborar el discurso  cuyo mensaje innovador fue familia unida, jamás será vencida. Pobriño. Encima el PP se suma al torpedeo de mantras; estamos en la senda de la recuperación económica. Su mayor problema ahora es el potencial voto de castigo. No hay más que ver los resultados en Andalucía, donde el partido de la oposición recibió un castigo muy superior que el partido en el gobierno. Habida cuenta de la acérrima crítica hacia el bipartidismo, llama la atención la dinámica de beso y tortazo que sigue imperando hacia los partidos tradicionales.

La gran incógnita es, por tanto, cómo de grande será el batacazo del PP y el PSOE en Canarias. Yo creo que más de uno se va a despeinar aunque no será tan duro como se creía hace unos meses ante el aparente ascenso imparable de Podemos. A la línea de salida de esta precampaña el PP no se presenta con Asier o María del Carmen, una lástima. Australia Navarro fue la elegida, es decir, será quien haga de saco boxeo. CC llega con Fernando Clavijo, el artífice de librarnos de Paulino Rivero y con una situación judicial que capea sin demasiada dificultad. Los socialistas llegan con Patricia Hernández, popular entre los jóvenes y que siempre arranca el aplauso aunque diga boberías. Está mejor valorada por el electorado que por sus compañeros de filas. Esto es bueno para ellos de cara a las elecciones y malo a la hora de gestionar un partido completamente deshilachado. También habrá una amalgama de nuevos partidos porque en la política canaria hay casi más egos que personas. Ya comienza la carrera electoral en Canarias con la foto finish más imprevisible de los últimos años. Ya empiezan a desfilar y a entonar todos a una: sí, mi capitán.